El hombre mayor y yo

relato hombre mayor

Al tener aventuras sexuales no debemos preguntarnos por el amor porque la palabra amor es un abstracto en el más puro sentido y puede conducir a la gente a cometer locuras al ser una emoción impulsora ligada a algo más allá de la realidad tal como la conocemos.

Una chica, sea una escort o no, tiene que ser creativa, sexy y sugerente para alcanzar a su hombre mayor. Es irónico cuando lo pienso, es decir, porque soy una mujer muy atractiva, alta, delgada con unas “piernas impresionantes” y los pechos grandes y firmes, 27 años de edad con un alto coeficiente intelectual y un fuerte impulso sexual dentro de mi que me hace ir en busca de hombres mayores y maduros apetecibles.

Como Alfredo. Él libera mis pasiones del infierno, aún siendo casi un ser divino. Bueno, el caso es que le dije a mi marido que quería retomar algunas clases universitarias y obtener un segundo grado y él estuvo de acuerdo, lo cual por supuesto me dio más tiempo con mi madurito.

Un día de primavera me salté las clases y fui a su casa, aunque él no lo sabía. Yo sabía que él estaba volviendo de trabajar y como le cogí hace tiempo las llaves para hacerle una copia, entré y me acomodé dentro. Me encantaba ser follada por este maduro, que desatara sus tensiones en mi aún estando casado y yo teniendo marido. Eran unos encuentros que nos beneficiaban a ambos, nos distensionaban. Yo era su jovencita y él mi hombre mayor. Una fantasía muy recurrente.

Me dirigí a su habitación para esperarle en la oscuridad. Tras esperar una media hora, oí el ruido de sus llaves en la puerta principal y el calor empezó a invadirme. Me comenzaron a temblar las piernas y a chorrear todo el interior hacia fuera: la humedad, el calor, o como yo lo llamo “el calor de la anticipación”. La puerta se abre de par en par y veo entrar un par de zapatos mocasines, seguidos de un par de calcetines de ejecutivo, un par de pantalones vaqueros ajustados y un cuerpo muy bien conservado para su edad, para mi hombre mayor.

Hola hermosa, perdón por llegar tarde”, dijo mientras me miraba con amor y hambre, un hambre de sexo, de mi coño. Se quitó las cubiertas y visualmente tomó mi cuerpo delgado y largo. Me agarró las piernas y me tiró al borde de su cama mirándome fijamente y gritando “¡ábrete las piernas!“. Lo hice, me ponía muy cachonda su voz dominante. “Más, más ancho, ábrete fuerte ese coño“, mis músculos estaban tensos y definidos.

Impresionante“, dijo, “simplemente increíble, y no te afeites nunca ese arbusto grueso tuyo, es perfecto y me encanta cómo queda mi corrida en él.” Se arrodilló, agarró mis muslos con sus grandes manos fuertes. Sus pulgares estaban al lado de mis labios del coño y usando sus pulgares los separó haciendo un sonido que golpeaba debido a la humedad.

Miró hacia mi cara y sonrió, estaba sosteniendo mi cabeza en mis sienes, en realidad estaba tirando un poco de mi pelo hacia atrás. Mis músculos comenzaron a quemarse deliciosamente y luego mi maduro sumergió su cara entre mis piernas y su lengua encontró mi clítores al aire. Todo lo que podía hacer era dejar salir gemidos de mi interior.

Él me lamió, me besó, me apretó los muslos con su lengua y sus manos hasta casi lastimarme, pero me encantaba. Mis piernas empezaron a temblar y comencé a sentir espasmos de placer: el muy cabrón de mi hombre mayor me había hecho correrme solo usando la lengua. Movió el pulgar izquierdo hacia abajo en un movimiento rápido introduciéndolo dentro de mi culo. Mientras me corría, con sus dedos fuertes dentro de mis dos agujeros, la sensación de placer era exquisita, pensaba que iba a romperme en dos.

Todo lo que podía llegar a articular eran gemidos y  monosílabos “¡sí, sí, sí!“. Soltó mis piernas que se desplomaron temblando al borde de su cama y entonces su cara empezó a subir por mi ombligo, después por mis pezones duros, mi cuello y finalmente mi boca donde su lengua encontró mi lengua. He de decir que me encanta el sabor de mi propio coño, pero sólo cuando el sabor está en su lengua.

Finalmente se acercó a mí y me besó en el cuello, todavía estaba completamente vestido. Su rostro estaba cubierto con mis ahora secos jugos secos y manchas en el cuello de su camisa. Me levanté, me aseé en su baño y me fui a casa.

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Mis inicios en el Sadomasoquismo

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Soy Sylvina y llevo en Barcelona desde los 20 años, ahora tengo 35. A los 22 me inicié como escort de lujo  y desde hace 5 realizo prácticas sexuales no del todo comunes para todo el mundo.

Ser humillado, castigar, atarse, someterse a azotes y acciones un tanto violentas no siempre es totalmente comprendido por todo el mundo, ni entendido como una excitación sexual para algunos humanos del planeta.

No muy lejos de la realidad muchos insatisfechos sexuales dentro de su vida conyugal. Contactan conmigo para sentir apetito y placer.

La primera vez que me propusieron realizar sadomasoquismo me quede helada. Nunca imaginé que me iban a demandar este tipo de praxis, pero sí, el momento llegó.

Lo recordaré siempre, fue en una visita a domicilio en la parte alta de Barcelona. El piso del magnate que me contrató, para todo una noche, era casi más grande que dos campos de futbol juntos, pero eso era lo de menos, iba a lo que iba, sin saber que me iba a deparar.

Entré y Armando estaba con su batín y puro con una buena copa de brandy. Me invitó a sentarme y contrató una cena deliciosa. En ella, me explicó un poco lo que le gustaría hacer. Agradecí este acto de cortesía y que me iniciara, teóricamente al sadomasoquismo. Lo peor iba a ser después en la práctica.

dominatrix

Llegó el momento, y el don me mostró todo su arsenal sexual, guardado bajo llave, en una de las habitaciones de su lujoso apartamento.

En mi entrada a este habitáculo fue sorprendente, y rápido comenzamos a tocarnos y ponernos al lío.

– Sylvina, primero quiero sexo, sexo simple, quiero iniciarme esta noche, primero con una buena corrida en tus senos y después que me castigues y me grites y azotes con el látigo de tres cuerdas por ser tan malo contigo – me espetó, muy excitado, Armando.

Con estas palabras me asustó, más que me animó, pero recordé las palabras sinceras y las técnicas de seguridad que me mostró en la deliciosa cena que encargó a un exclusivo catering de la ciudad condal.

Después de besarme, succionarme los pezones y desparramar todo su semen por mi cuerpo, él se dirigió hacia un extremo de la habitación y se enfundó un traje, minúsculo, de tiras de cuero, y me ofreció otro idéntico para mí.

Una vez estuvimos preparados, comencé a decirle palabras muy duras, tratándole como un perro. Eso a él le excitaba aún más y más quería. Quería que le diera con el látigo, la fusta y que lo castigara toda la noche.

Nunca se me olvidará la noche de muchas en la que me inicié en el sadomasoquismo y a día de hoy, puedo asegurar que ser una dominatrix es de los servicios que más me agradan.

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Mi primera experiencia como escort de lujo en Barcelona

escort de lujo

¡Bienvenidos a mi blog! Me llamo Edurne y soy escort en Barcelona desde hace ya 5 años. Ofrezco mis servicios de lujo en la ciudad condal y he conocido a multitud de personas, de clientes y de compañeras de la casa de citas con la que suelo colaborar. He decidido abrir este diario para recoger mis experiencias, daros consejos sobre erotismo y contar curiosidades sobre este mundo de las escorts de alto standing.

Barcelona es una ciudad magnífica donde vivir. Soy de Asturias y me vine aquí hace 7 años para estudiar. Comencé con estudios en Economía y, en la actualidad, estoy acabando un MBA. Los dos primeros años, viví en Barcelona como pude: trabajos como camarera, dependienta o en call center. Pero no me sentía satisfecha con ellos y no me alcanzaba para todos mis caprichos.

Siempre he tenido un talento natural para interactuar con los hombres: me gusta el tacto de las manos masculinas, el perfume que llevan, las excelentes conversaciones que puedes compartir con hombres de alto standing. Es por este motivo que decidí lanzarme a la aventura como escort de lujo en Barcelona.

Mi primera experiencia

Una compañera de universidad me había comentado que esporádicamente colaboraba con una casa de citas en el centro de Barcelona. Así que decidí ir con ella una noche para ver de qué trataba aquel mundo. Me quedé asombrada nada más entrar: ¡todo era elegancia, sofisticación y lujos! Los hombres, de lo más correctos, me invitaban a sentarme con ellos y tomar una copa.

Me sentí muy cómoda con uno en especial: Luigi, de Milán. Me contó que estaba en la ciudad condal por un viaje de negocios y que había tenido unos días muy duros. Era Brand Manager de una importante farmacéutica y sabía mucho de finanzas. Le conté mi experiencia en la universidad, que estaba estudiando Economía y a lo que me gustaría dedicarme. Me dio infinidad de consejos, con los que me sentí con muchas ganas de seguir este camino profesional.

Comenzó a acariciarme las orejas, el muslo entre las piernas, y yo me derretía con él. Así que le invité a que subiéramos a una habitación para estar en un ambiente más íntimo. Nos dejamos llevar por la lujuria por más de dos horas, con todo tipo de posturas, caricias y besos.

Al final de las dos horas, Luigi se despidió y me dijo que había sido una noche fantástica. Además, me regaló un exquisito collar de diamantes.

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