Mis inicios en el Sadomasoquismo

mis-inicios-sadomasoquismo

Soy Sylvina y llevo en Barcelona desde los 20 años, ahora tengo 35. A los 22 me inicié como escort de lujo  y desde hace 5 realizo prácticas sexuales no del todo comunes para todo el mundo.

Ser humillado, castigar, atarse, someterse a azotes y acciones un tanto violentas no siempre es totalmente comprendido por todo el mundo, ni entendido como una excitación sexual para algunos humanos del planeta.

No muy lejos de la realidad muchos insatisfechos sexuales dentro de su vida conyugal. Contactan conmigo para sentir apetito y placer.

La primera vez que me propusieron realizar sadomasoquismo me quede helada. Nunca imaginé que me iban a demandar este tipo de praxis, pero sí, el momento llegó.

Lo recordaré siempre, fue en una visita a domicilio en la parte alta de Barcelona. El piso del magnate que me contrató, para todo una noche, era casi más grande que dos campos de futbol juntos, pero eso era lo de menos, iba a lo que iba, sin saber que me iba a deparar.

Entré y Armando estaba con su batín y puro con una buena copa de brandy. Me invitó a sentarme y contrató una cena deliciosa. En ella, me explicó un poco lo que le gustaría hacer. Agradecí este acto de cortesía y que me iniciara, teóricamente al sadomasoquismo. Lo peor iba a ser después en la práctica.

dominatrix

Llegó el momento, y el don me mostró todo su arsenal sexual, guardado bajo llave, en una de las habitaciones de su lujoso apartamento.

En mi entrada a este habitáculo fue sorprendente, y rápido comenzamos a tocarnos y ponernos al lío.

– Sylvina, primero quiero sexo, sexo simple, quiero iniciarme esta noche, primero con una buena corrida en tus senos y después que me castigues y me grites y azotes con el látigo de tres cuerdas por ser tan malo contigo – me espetó, muy excitado, Armando.

Con estas palabras me asustó, más que me animó, pero recordé las palabras sinceras y las técnicas de seguridad que me mostró en la deliciosa cena que encargó a un exclusivo catering de la ciudad condal.

Después de besarme, succionarme los pezones y desparramar todo su semen por mi cuerpo, él se dirigió hacia un extremo de la habitación y se enfundó un traje, minúsculo, de tiras de cuero, y me ofreció otro idéntico para mí.

Una vez estuvimos preparados, comencé a decirle palabras muy duras, tratándole como un perro. Eso a él le excitaba aún más y más quería. Quería que le diera con el látigo, la fusta y que lo castigara toda la noche.

Nunca se me olvidará la noche de muchas en la que me inicié en el sadomasoquismo y a día de hoy, puedo asegurar que ser una dominatrix es de los servicios que más me agradan.

You may also like

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *